La niña buena, un peso insostenible

La niña buena, un peso insostenible

Ser responsable, complaciente, obediente, una gran estudiante, ser silenciosa, no enfadarse, no gritar, ser ejemplar y cumplir siempre las normas.

Todo esto a priori, es bastante positivo ¿no te lo parece?

Sin embargo, ¿sabemos realmente lo que implican estas etiquetas que se nos asignaron en nuestra infancia? ¿Conocemos cómo han impactado en nosotras? Ya no solo en la infancia sino en nuestra vida de adultas.

Si tú también te identificas con el patrón de “niña buena”, con las conductas que te he mencionado, esto puede ser un problema que te haya acompañado hasta el día de hoy.

Las personas que sufren el “síndrome de la niña buena” solían ser calladitas, sonrientes, educadas, atentas… y esto son creencias que nos quedan clavadas.

Pero: ¿Qué ocurría cuando no te comportabas como se esperaba de ti?

¿Tienes dificultades cuando no complaces? ¿Cómo te sientes cuando marcas límites o miras por ti?

Lo que nos pada a las niñas buenas es que tendemos a ser DEMASIADO. Demasiado complacientes, obedientes, responsables, perfectas, correctas, moldeables y ejemplares.

Lo que nos conduce al auto-abandono, a no saber decir que no, a conductas sumisas, a reprimir emociones como el enfado, a alejarnos de la espontaneidad y a no sentirnos suficientes. 

Cuando te identificas con todo esto…

  • Te cansas de pedir perdón cuando no es tu culpa.
  • Necesitas dejar de tener miedo a ser rechazada. 
  • Te resulta agotador intentar cumplir las expectativas de los demás.
  • No quieres sentirte egoísta cuando dices que no. 
  • Quieres priorizar tus necesidades. 
  • No aguantas más ser siempre perfecta. 
  • Necesitas tener derecho a enfadarte y a demostrar tu enfado,
  • Quieres dejar de anteponer el deber al deseo. 
  • Te gustaría dejar de cuidar, para cuidarte. 

¿Quién lo pensaría cuando nos reforzaban estos comportamientos, verdad?

¡Pero ojo!

Ser una niña buena no tiene NADA de malo. 

Lo que no es sano es que pasen los años y no podamos «salirnos del molde» cuando realmente es lo que necesitamos, que no seamos capaces de rechazar mandatos o etiquetas que ya no nos ayudan, no nos generan bienestar, al contrario, nos limitan y nos generan angustia.

Que nos pese más hacer «lo correcto» o el que dirán.

Por eso me parece importante esta reflexión. Saber qué nos supuso (y supone) ser niñas buenas, entender cómo impactó en las personas que somos hoy, nos puede ayudar a validar nuestras emociones y dar sentido a nuestro malestar. 

Catergoría :
Compartir :