Desde muy pequeña no supe a qué quería dedicarme, siempre guiada por el entorno y la opinión de los demás. Notaba que, con el paso de los años cada vez estaba más perdida y sin rumbo, frustrada por vivencias complicadas. A mis 22 años toco fondo, a raíz de una situación traumática que me obliga a tomar decisiones, y atravieso una crisis personal donde la vida deja de tener sentido para mí. Es esto, lo que me hace que deje de buscar fuera y que comience a indagar en mi interior, en un proceso de autoconocimiento y crecimiento personal.
Busco ayuda en diferentes profesionales y distintas corrientes, sin ser una tarea fácil encontrar a alguien que me comprenda. Cómo gran luchadora y buscadora incansable que soy, apuesto porque otra forma de vida es posible y encuentro en la Terapia Gestalt mi gran medicina. Esto se convierte para mí en una filosofía de vida y es gracias a esta experiencia donde descubro mi gran vocación. Son ya, más de 20 años en contacto directo y permanente con pacientes en clínicas y hospitales donde desarrollo un tipo de asistencia que va más allá del cuidado instrumental, el apoyo emocional en enfermería y mi verdadera pasión, la salud emocional, lo que provoca un desafío con algunas personas de mi alrededor por la deficiencia que existe en ofrecer un cuidado integral al paciente.
Esto abre en mí una nueva forma de pensamiento y actuación sobre la enfermedad y la salud y hace que quiera expandir mis conocimientos y habilidades hacia otras opciones de tratamiento. Entiendo la enfermedad como la expresión del estado afectivo del paciente y de sus conflictos personales no resueltos y sus dificultades para la adaptación social, lo que hace que siga profundizando cada vez más en mi forma de intervenir en los casos de mis pacientes desde un enfoque integral.
Realizando un aprendizaje de muchos años y combinándolo con otras formaciones y técnicas que considero muy efectivas como Eneagrama de la Personalidad, Psicopatologías para Gestaltistas, Terapia Focalizada en la Emoción, Terapia Sistémica y el Teatro terapéutico (una forma amena y divertida de aprender a gestionar los problemas de nuestro día a día) ajustándome a las herramientas que mejor se adapten a ti y a tu momento vital. Con la capacidad de ver más allá desde mi lado más humano y tratando
Desde muy pequeña no tuve claro a qué quería dedicarme y durante muchos años viví muy influida por el entorno y por la opinión de los demás. Con el paso del tiempo empecé a sentirme cada vez más perdida, sin rumbo y profundamente frustrada por distintas vivencias personales.
A los 22 años atravesé una situación traumática que marcó un antes y un después en mi vida. Aquella experiencia me obligó a tomar decisiones importantes y me llevó a vivir una profunda crisis personal. Fue precisamente en ese momento, cuando la vida dejó de tener sentido para mí tal y como la había entendido hasta entonces, cuando dejé de buscar respuestas fuera y comencé a mirar hacia mi interior.
Ese fue el inicio de un proceso real de autoconocimiento y crecimiento personal. Empecé a buscar ayuda en distintos profesionales y corrientes terapéuticas, aunque no siempre fue fácil encontrar un espacio en el que me sintiera verdaderamente comprendida. Aun así, seguí buscando con constancia, con esfuerzo y con la convicción de que otra forma de vivir sí era posible.
Fue en la Terapia Gestalt donde encontré una herramienta profundamente transformadora. Para mí no solo supuso una ayuda terapéutica, sino una auténtica filosofía de vida. Gracias a esta experiencia pude comprenderme mejor, recolocarme internamente y descubrir lo que con el tiempo se convertiría en mi gran vocación.
Mi recorrido profesional está marcado por más de 20 años de contacto directo y permanente con pacientes en clínicas y hospitales. Durante todos estos años he desarrollado una forma de asistencia que va más allá del cuidado puramente instrumental o técnico, dando una gran importancia al acompañamiento humano y al apoyo emocional.
Esta experiencia me permitió observar de cerca cómo muchas personas, además de necesitar atención sanitaria, también necesitan ser escuchadas, sostenidas y comprendidas en lo emocional. Ahí es donde empecé a conectar de forma muy profunda con lo que hoy considero una parte esencial de mi trabajo: la salud emocional.
Con el tiempo, esta manera de acompañar me llevó también a cuestionar ciertas limitaciones del modelo asistencial tradicional, especialmente cuando el cuidado integral de la persona no encuentra el espacio que merece. Esa inquietud, lejos de frenarme, me impulsó a seguir profundizando y a construir una manera de trabajar más coherente con mis valores y con mi forma de entender el bienestar.
Mi experiencia profesional, por tanto, no se limita al ámbito clínico, sino que ha sido también una fuente de aprendizaje humano constante, desde la que he ido desarrollando una mirada más amplia, sensible e integradora sobre el sufrimiento, la enfermedad y los procesos de cambio.
Todo este recorrido abrió en mí una nueva forma de pensar y de actuar ante la enfermedad y la salud. Empecé a comprender que muchas veces el malestar físico no puede separarse del mundo emocional de la persona, de su historia vital, de sus conflictos no resueltos o de sus dificultades para adaptarse a determinadas circunstancias de la vida.
Entiendo la enfermedad como una expresión que, en muchos casos, guarda relación con el estado afectivo del paciente, con su forma de vincularse, con aquello que no ha podido elaborar o con tensiones internas que se han sostenido durante demasiado tiempo. Esta visión no pretende simplificar la complejidad de cada caso, sino ampliarla, incorporando una comprensión más profunda e integral de la persona.
Desde esta mirada, acompañar no consiste solo en intervenir sobre un síntoma, sino en atender también al contexto emocional, relacional y vital en el que ese malestar aparece. Por eso, mi trabajo se orienta a ayudar a la persona a comprenderse mejor, a tomar conciencia de sus procesos y a encontrar recursos más sanos y ajustados para atravesar sus dificultades.
Este enfoque es el que ha dado sentido a mi evolución profesional y el que me sigue impulsando a intervenir desde un lugar más humano, más consciente y más respetuoso con la singularidad de cada persona.
A lo largo de los años he realizado un proceso de aprendizaje continuo, integrando distintas formaciones y herramientas que enriquecen mi manera de acompañar y me permiten adaptarme mejor a las necesidades de cada persona y a su momento vital.
Además de la Terapia Gestalt, he profundizado en enfoques y recursos como el Eneagrama de la Personalidad, la Psicopatología para Gestaltistas, la Terapia Focalizada en la Emoción, la Terapia Sistémica y el Teatro Terapéutico. Cada una de estas herramientas me ha aportado una comprensión más amplia de la persona y una forma más flexible de acompañar sus procesos.
Para mí es importante no trabajar desde un único molde ni desde respuestas estandarizadas. Cada persona llega con una historia, unas necesidades, unas heridas y unos recursos diferentes. Por eso, trato de ajustar el acompañamiento a lo que cada proceso necesita, eligiendo aquellas herramientas que mejor puedan ayudar en cada momento.
Todo ello lo hago desde una mirada cercana, humana y sensible, con la capacidad de ver más allá de lo evidente y con la intención de simplificar lo complejo para hacerlo más comprensible, más amable y más integrable en la vida cotidiana.
Mi manera de acompañar se basa en la presencia, la escucha y el respeto por el proceso individual de cada persona. No concibo el acompañamiento terapéutico como una fórmula cerrada, sino como un espacio vivo en el que cada historia necesita ser acogida desde su propio ritmo y su propia verdad.
Trabajo desde una mirada integral, teniendo en cuenta no solo lo que la persona vive en el presente, sino también su historia, su manera de relacionarse, sus emociones, sus bloqueos y los recursos con los que ya cuenta, aunque a veces todavía no los reconozca.
Me interesa especialmente ofrecer un espacio en el que la persona pueda sentirse comprendida, sostenida y acompañada sin juicio. Un lugar donde pueda mirarse con más claridad, entender lo que le ocurre y abrir nuevas posibilidades de cambio y bienestar.
Te acompaño desde mi experiencia vital y profesional.
Creo un espacio de confianza, seguridad y escucha.
Porque sé que es posible convertir las crisis en oportunidades.