La autoexigencia en su justa medida, la autoexigencia es necesaria y te impulsa a crecer, a aprender y a mejorar. Cuando ésta es demasiada, aparecen en nosotros muchos síntomas de estrés y ansiedad porque no filtramos la realidad tal y como es, estamos más pendientes de los fallos y los erros que de nuestros progresos y nuestros logros. Nos instalamos en la insatisfacción crónica porque nunca es suficiente. Tenemos una baja tolerancia a equivocarnos y nos ponemos el listón muy alto. La mente se nos llena de “deberías” y de “tengo que” entramos en un pensamiento constante de perfección pensando que si algo no es perfecto es un desastre. Cuando la realidad no se ajusta a tus expectativas, te quejas y te desgastas, postergas y eternizas tus tareas por miedo a no hacerlo con excelencia y por miedo a la crítica, posiblemente más a la tuya propia que a la ajena y eso te genera muchas frustraciones y mucha culpa. Vives más en la presión de no cometer errores que en la motivación por conseguir éxitos. Piensas mucho más en lo que no has conseguido aún y en todo lo que te falta para llegar, y te olvidas de disfrutar del camino. Te crees las palabras y el discurso que tú mismo te cuentas y eres tu peor juez. Te comparas siempre en negativo con los demás generando cada vez más inseguridad.
Para darnos cuenta si nuestra autoexigencia es destructiva deberíamos prestar atención a nuestro diálogo interno, eso habla de nuestra forma de hablarnos, si tenemos un lenguaje desagradable y violento: “Soy tonto”, “nada lo hago bien”, “no sirvo para esto”. Otras veces lo que ocurre es que nos ponemos el listón muy alto con expectativas exageradas y esto no favorece el automotivarnos ya que así lo único que conseguiremos es generamos más presión y acabar quemados. Solemos menospreciar nuestros logros y centrarnos en la crítica destructiva y eso hace que nos mantengamos en un conflicto interno con nosotros mismos, afectando a nuestra autoestima y viviendo de manera continua en un estado de estrés. Es muy importante ser conscientes de cómo nos hablamos, para detener ese diálogo crítico. Con un lenguaje positivo, cariñoso y amable conseguiremos una mejora importante, mensajes como: “seguro que la próxima vez lo haré mejor”, necesitamos automotivarnos sin presión y ponernos unas expectativas realistas con metas a corto plazo. No se trata de no ver el error sino de poder aprender de él, se trata de que podamos analizarlo para ver donde podemos mejorar. Si queremos avanzar, necesitamos encontrar el ritmo que es adecuando para nosotros sin forzarnos, se trata de crecer y mejor disfrutando del camino.



